En plena Amazonía peruana, Montegrande revela nuevas evidencias sobre la historia antigua de América. Sus hallazgos arqueológicos, respaldados por 13 fechados de Carbono 14, muestran una ocupación humana que va desde los 3 600 hasta los 9 650 años de antigüedad, y revelan que la selva alta fue un escenario temprano de arquitectura ceremonial, agricultura y pensamiento simbólico.
Ubicado en la provincia de Jaén, a 324 kilómetros al norte de Cajamarca, este antiguo centro ceremonial destaca por su arquitectura monumental en forma de espiral y por un conjunto de evidencias que permiten comprender mejor el papel de la Amazonía en el desarrollo de antiguas sociedades americanas.
Las investigaciones lideradas por el arqueólogo peruano Quirino Olivera muestran que la Amazonía no fue un espacio vacío ni marginal en la historia antigua del continente. Por el contrario, Montegrande evidencia un territorio dinámico, donde antiguas sociedades sembraron, intercambiaron productos, construyeron espacios sagrados, desarrollaron prácticas rituales y elaboraron una profunda relación con la vida, la muerte y el universo.
Estos hallazgos dialogan con la propuesta del arqueólogo peruano Julio C. Tello, quien planteó que la civilización andina tenía profundas raíces amazónicas. Hoy, Montegrande aporta nuevas evidencias a ese debate y permite mirar la historia del Perú desde una perspectiva más amplia, en la que la Amazonía aparece como un espacio activo de creación cultural.

Una tradición en la cuenca Chinchipe-Marañón
Montegrande está transformando la comprensión sobre el origen de las primeras civilizaciones en América. Ubicado en la antigua cuenca del Chinchipe-Marañón, un gran corredor de ríos, intercambio y encuentro humano, este sitio revela que las sociedades amazónicas no fueron comunidades aisladas, sino pueblos capaces de desarrollar agricultura, arquitectura monumental, vida ceremonial y redes culturales complejas.
El arqueólogo peruano Quirino Olivera identifica esta antigua tradición compartida como la Cultura Marañón, vinculando sitios monumentales como son Montegrande, en Perú, y Palanda, en Ecuador, a través de redes culturales que existieron miles de años antes de las fronteras actuales.
Su arquitectura monumental en forma de espiral y sus fechados tempranos están abriendo un nuevo capítulo para la arqueología americana: la Amazonía deja de ser vista únicamente como selva y biodiversidad, para ser reconocida como uno de los grandes escenarios del pensamiento humano, la creación cultural y el nacimiento de la civilización en el continente.

Un santuario para entender la vida antigua
Detrás de las monumentales estructuras de Montegrande y de sus hallazgos científicos existieron hombres y mujeres que sembraron, intercambiaron productos, construyeron espacios sagrados, enterraron a sus muertos y desarrollaron profundas formas de pensamiento sobre la vida y el universo. Por eso, este santuario amazónico es también memoria viva de una de las sociedades más antiguas y sorprendentes de América.
Entre los hallazgos de mayor relevancia científica destacan las evidencias arqueobotánicas y simbólicas vinculadas al cacao, consideradas entre las más tempranas actualmente documentadas en el continente americano. Las investigaciones arqueológicas permitieron identificar microrestos de almidón de cacao adheridos a las superficies internas de recipientes cerámicos, así como esculturas líticas con representaciones morfológicas interpretadas como semillas y frutos de cacao. Estos materiales fueron recuperados en asociación contextual con mandíbulas de camélidos, dentro de un contexto ceremonial de considerable antigüedad.
Las dataciones radiocarbónicas (C¹⁴), efectuadas en mayo de 2025 sobre muestras de carbón vegetal asociadas estratigráfica y contextualmente a estos hallazgos, sitúan este conjunto arqueológico entre 5947 y 5707 años antes del presente (AP), equivalente aproximadamente al periodo comprendido entre 3947 y 3707 a. C. Estos resultados proporcionan un marco cronológico temprano para la interpretación de prácticas simbólicas y rituales vinculadas al cacao, y fortalecen la relevancia científica del sitio en el estudio de los procesos culturales tempranos de la cuenca Chinchipe–Marañón.
Estos resultados fortalecen la hipótesis de que la cuenca Chinchipe-Marañón fue uno de los escenarios más antiguos del uso cultural, ritual y simbólico del cacao en el mundo, y reafirman el papel de la Amazonía en la historia temprana de la civilización, la agricultura y la vida ceremonial en América.

Un patrimonio para Jaén y el Perú
Montegrande se ha convertido en uno de los patrimonios culturales más importantes de la Amazonía peruana y en una oportunidad histórica para Jaén y el Perú.
Sus descubrimientos científicos fortalecen la identidad local, impulsan la investigación arqueológica y abren nuevas posibilidades para la educación y el turismo cultural. Al mismo tiempo, permiten comprender que la Amazonía no fue un territorio marginal, sino un espacio donde antiguas sociedades desarrollaron arquitectura monumental, agricultura, vida ceremonial y pensamiento espiritual.
Gracias al trabajo de investigación liderado por Quirino Olivera y al impulso de instituciones comprometidas con la conservación del patrimonio, entre ellas el Capítulo Perú del Plan Binacional Perú-Ecuador, Montegrande emerge como una historia viva que debe ser estudiada, protegida y contada al mundo.
Desde Jaén, este santuario amazónico recuerda que las grandes historias de América también se construyeron junto a los ríos, los bosques y los antiguos caminos de la Amazonía.